Jisus Crazy

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“Perdonales Dios porque no saben que son gilipollas”, dijo el poeta, que muchos lo oyeron, meses después de su discurso en la colina, acorralado en las afueras por dos guardias civiles.

Le buscaban, sabían que gustaba de juntarse con indeseables y pobres, venía de reyertarse en varios comercios del Xanadú con los propietarios, y se le hacía peligroso.

Jisus Crazy, así firmaba a veces en algunos muros, estaba en busca y captura desde que uno de los agentes perdió una de las orejas en el tumulto, llevada la gente por lo que sus palabras traían, cientos de personas alertadas por SMS que se concentraron allí y que cerca del acceso a la autovía, en la casa de campo, apalizaron a todo el operativo.

El poeta, a quien se dio por torturado en Leganitos, al tercer día, salió en libertad.

Palabra de los Poetas.
Versículo 70- 33

Ese impulso.

Lo he observado,
ese impulso que altera la propiedad conjunta,
la que emerge de los especímenes excéntricos,
diferentes,
el germen del cultivo,
la mutación del tejido,
la partícula a la deriva,
el que se ve entre la masa informe de color gris que transita por la ciudad,
metido en los cuadernos,
en dibujos hechos en los márgenes de los libros de texto,
en marquesinas vomitado con rayajos de ácido,
en los puntos muertos de las cámaras.
Ese delicioso y supremo impulso de caos que ronda la imaginación de aquellos que yo llamo individuos divergentes.